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“EL ABRAZO DE UN EXTRAÑO” autora: Geles Calderón

04 Oct
 

“EL ABRAZO DE UN EXTRAÑO”

(relato sobre un suceso real)

(Nº 599)  (22-09-09)

 

 

“Cuando quien siente la soledad está a solas, todavía le queda la esperanza. Cuando está acompañada, sólo le queda la desesperación”.

 

Mañana de un 27 de Agosto. Voy circulando por la autopista camino del trabajo.

Suena mi teléfono móvil, veo que es de casa de mi madre, extrañada, por lo inhabitual de la hora en que la recibo, atiendo la llamada. Era mi hermano que alarmado me dice que algo le pasa a nuestra madre, que no reacciona.

Alarmada y muy preocupada le digo que voy para allá urgente. Doy volantazo y me dirijo a su casa. Cuando llego y ante lo evidente del grave estado de ella, decido avisar a una ambulancia que la llevaría a un hospital.

Urgencias…, horas de espera, angustia… Por fin me avisan de la habitación que la asignaron, donde los doctores me comunicaron el motivo y la gravedad de su estado. Cuando se retiraron, yo quedé muy abatida en el ancho pasillo junto a la puerta de la habitación que mi madre ocupaba.

De pronto, me di cuenta de que no estaba sola. A dos metros de mí había un joven que también estaba apoyado en la pared. Me mira, se acerca y me dice: -“Siento mucho lo de su madre, de verdad que lo siento”. Levanté la cabeza y le di las gracias, al hacerlo lo hice mirándole a los ojos… El chico sentía lo que me decía, lo vi en su mirada. Debió oir el diagnóstico que los doctores me daban sobre la gravedad de mi madre. Se me saltaron las lágrimas de nuevo y caminé por el largo y silencioso pasillo unos metros, con el intento de serenarme, mientras los enfermeros le terminaban de acomodar las sondas a mi madre que yacía en la cama.

Retrocediendo sobre mis pasos, volví al mismo punto de la pared donde estuve apoyada instantes antes. Allí permanecía ese joven que me dio su pesar, el cuál aparentemente no tendría más de 18 años. Yo no le conocía de nada, era un extraño.

Me sequé con la mano mis últimas lágrimas y respiré profundo al tiempo que trataba de asimilar los acontecimientos. Todo transcurría bajo su atenta mirada aunque yo en esos instantes lo ignoraba, pero de pronto, el chico volvió a acercarse a mi y le oí decirme tímida pero firmemente: -“Señora, ¿quiere un abrazo?”. Yo, sorprendida, emocionada y agradecida le dije tímidamente: -Sí…!  Y me abrazó con la ternura de un adolescente y la firmeza de quién adivinó mi íntimo dolor, pero de quien, a pesar de su juventud, tuvo la madurez de saber ver lo que nadie más vio: mi necesidad de un abrazo de consuelo.

Durante este acto, y entre sollozos, le decía que nunca se está preparado para perder a una madre, por mayor que ésta sea… y que yo tenía miedo a perderla.

No sabía quien era, pero cuando el abrazo terminó me dirigí a la habitación para estar de nuevo con mi madre, entonces el chico entró tras de mi. Resultó ser el hijo de la joven señora boliviana que compartía habitación en el hospital. Fue entonces cuando allí pude observar la actitud de gran mimo y cariño que este joven le profesaba a su madre tomándola de la mano, acariciándola la frente y el cabello diciéndola “te quiero mucho mami”, y otras palabras de consuelo. La trataba como a un regalo inesperado y nunca tenido por suyo del todo…

El tiempo pasaba deslizándose, respetando la armonía del momento. Él la trata como si pudiera romperse. Quizás él joven pensó lo mismo de mi trato hacia mi madre, pues al fin y al cabo ambos éramos hijos con nuestras madres muy enfermas en un Centro Hospitalario donde, a pesar de su particular dolor, quiso calmar un poco el mío con un abrazo…

Pronto y, sobre todo, debido a la larga estancia de ingreso de mi madre, fui familiarizándome tanto con el personal de enfermería como con algunos enfermos y familiares, sobre todo con Adela, la madre de Claudio, así se llamaba aquel desconocido muchacho. Un día sequé con mis manos las lágrimas de ella cuando su hijo estaba ausente, y en otra ocasión la ayudé a calmar un ataque de ansiedad tras hablar por teléfono con su hijo de tres añitos de edad y como si de un ser de mi familia fuera, la di mis caricias y palabras de consuelo y esperanza, intentado transmitirla paz y sosiego hasta que se me durmió.

Llegué a tomarles verdadero cariño.

 

Lamentablemente, días después, también tuve que dar el pésame a una señora que acababa de perder a su madre en la habitación de al lado. Y pronto también escuché y hablé con otro paciente al que las enfermeras apodaban “el loco polaco”, a este espigado hombre nadie le visitaba, y a ratos voceaba reclamando que alguien le hablara. Solitario hombre de ojos azules al cual mantenían, gran parte del día, atado por el tobillo a un sillón de ruedas que él arrastraba por la habitación, perennemente de puerta abierta, que con nadie compartía, y que lo único que reclamaba era compañía en su idioma mal mezclado con el mío, pero que yo comprendía. Su rostro centro europeo me recordaba al de otra persona que tiempo atrás conocí, y del cuál aprendí mucho cuando nos funcionaba la empatía.

 

Semanas después a Adela le dieron el alta médica, y se fueron  sin poder despedirnos porque precisamente ese día, a esa hora, yo no estaba.

 

Nunca voy a olvidar el abrazo que me ofreció y acepté de Claudio, ni la dulzura y amor con que a su madre, día y noche, cuidaba. Durante un tiempo fuimos dos hijos que a sus madres, las veinticuatro horas, velaban.

 

¡Gracias por aquel abrazo que tanto necesitaba… y nadie me daba!

 _ABRAZO 2

 

Geles Calderón

 Copyright©GelesCalderón_Todos los derechos reservados

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20 comentarios

Publicado por en 4 octubre, 2009 en POEMAS de GELES (Volúmen 10)

 

20 Respuestas a ““EL ABRAZO DE UN EXTRAÑO” autora: Geles Calderón

  1. RAFA

    4 octubre, 2009 at 23:52

    En esta entrada derramas tu corazón en palabras y abrazos, aunque quizás su destinatario no lo pueda leer, creo y pienso que esta entrada es para recordar….para sentir la fuerza de un abrazo, para saber escuchar lo que algún desconocido nos quiere decir y compartir. Esta muestra de cariño y de saberse queridos hace que esta vida sea un poco más llevadera.Un abrazo…..una sonrisa….una mano tendida escribiendo aquello que llevas guardado y quieres recordar……una mirada en el espejo del alma.un fuerte abrazo…..de esos que te invitan a cerrar los ojos para poder abrir el baul de los bellos recuerdos.rafa…..sueñosdeuncorazón

     
  2. Geles

    5 octubre, 2009 at 0:19

    Rafa, Onminayas….. vaya…… pues sin querer… me habeis hecho llorar recordando…….. y reviviendo…………… Fueron muchas noches de pasarlas sentada en un sillón de plástico, yo al lado de mi madre y Claudio al lado de la suya, sólo que él podía dormir -jueventud, bella juventud- pero yo no.Recibo vuestros abrazos con la misma necesidad que entonces. ¿Por qué será que cura tanto un abrazo sentido? y yo estoy tan "enferma"!!Geles

     
  3. RAFA

    5 octubre, 2009 at 1:06

    Doble montivo para pasar sin miedo a tu espaciorecuperar como siempre palabras sentidasmandarte mil abrazos que llenen tu vacioy decirte que la juventud se vive en el corazónlas mañanas se bañan en distendidos rociosdescubriendo la prontitud de tu razón.un abrazo…uno mas y los que hagan de buena sazónla sonrisa…..la mirada……el beso de corazón.rafa….sueñosdeuncorazón

     
  4. Onminayas

    4 octubre, 2009 at 23:30

    Esperaba esta entrada, Geles, porque en algún momento te escuché prometerla; y yo sé que tú eres persona de cumplir sus promesas.Emotiva y merecida; poco pago, pensarás, para un abrazo que seguramente no podría tasarse con ningún precio. A veces encontramos el mayor apoyo, precisamente, de quién menos esperamos recibir.
    Seguro que sí Adela pudiese leer esta entrada se sentiría, si cabe, mucho más orgullosa de lo que seguro esta de su hijo Claudio.
    Abrazos y besos para las dos, Geles.

     
  5. Fabiola

    5 octubre, 2009 at 3:26

    Estimada Geles,Este relato es muy hermoso, muy humano, lleno de sensaciones hermosas. Nadie sabe, efectivamente, de quién recibirá el apoyo.
    ¿Sabes? Soy una fiel partidaria de los abrazos, hay en ellos tanto consuelo, tanto amor fraterno y tanta armonía, cuando se dan realmente con el corazón.
    ¡Qué afortunada de haberte encontrado cerca de Claudio en ese momento! Alguien de arriba lo puso ahí, justo ahí para ti.
    Saludos y un abrazo muy fuerte a la distancia,
    Fabs.

     
  6. Geles

    5 octubre, 2009 at 11:13

    Hola de nuevo, Rafa: Muchas gracias por tus dos visitas a esta entrada tan… sentida.Tomo tus abrazos… uno lo usaré ahora, y los demás los guardaré para cuando lo precise -no creo que me duren hasta la cena-.Besos, "RAFA sueños de un corazón"Geles

     
  7. Jose

    5 octubre, 2009 at 10:53

    Geli no me cabe la menor duda que en este materializado mundo en el que vivimos aún quedan personas de gran corazón que dan lo que pueden por un extraño sin pedir nada a cambio. Tengo fe en que el mundo algún día cambiará y los seres humanos seamos menos egoistas y nos entreguemos más a los demas.
    Por otra parte me alegra sobremanera saber que tu mamá va mejorando poco a poco.
    Feliz semana.

    jose

     
  8. Geles

    5 octubre, 2009 at 17:48

    Hola, Fabiola. Muchas gracias por tus cariñosas palabras. Veo que el contenido del relato que, por suerte o desgracia, viví… lo has sentido. Ambas sabemos valorar el consuelo de un abrazo, sea de la índole que sea.A Claudio, como a su madre, sé que no los volveré a ver, pero a ese chiquillo nunca le olvidaré.Besos.

     
  9. Geles

    5 octubre, 2009 at 18:30

    José, gracias a personas como Claudio que de vez en cuando se cruzan en mi vida, sigo manteniendo la fe en el ser humano, el cual a veces flaqueó tanto que temí por su "existencia".Abrazos.

     
  10. Jose

    5 octubre, 2009 at 18:36

    Por favor no pierdas nunca esa fe que te acompaña desde niña siempre habrá a tu lado alguien que te hará feliz y es por una llana y sencilla razon "Porque te lo mereces".un abrazo.jose

     
  11. Geles

    5 octubre, 2009 at 18:39

    Mi querida Mari Carmen, opino que no es cuestión de que "éstas" personas hagan o dejen de hacer actos, así de generosos, condicinados por si nos conocen o no. Más bien creo que es porque son de esa naturaleza. Muy al contrario, en este caso mio, el chico podría haberse sentido reprimido porque yo soy una mujer que multiplica su edad y además porque no me conocía… pero ya viste que ello no fue obstáculo. Él es así, y lo mejor de todo: Yo lo entendí y no le rechacé lo que me ofrecía y yo tanto necesitaba. Ambos supimos que "nos" aceptábamos. La empatía funcionó.Abrazos tambien para ti.

     
  12. Onminayas

    5 octubre, 2009 at 18:48

    Quizás Claudio también necesitara aquel abrazo igual que tú…Besos, Geles.

     
  13. Geles

    5 octubre, 2009 at 18:59

    Onminayas, no lo dudo, recuerda: "nos" dimos el abrazo. Besos.

     
  14. Mari Carmen

    5 octubre, 2009 at 17:39

    Hermoso relato, Geles.
    A veces personas desconocidas pueden tener más empatía y llegar mejor a nuestros corazones (¿quizás porque no tienen conocimientos de nosotros que les hagan huir, prevenir, pensar si nos sentará bien o mal lo que hagan…? No sé).
    Feliz semana y muchos ánimos.

     
  15. MariLoli

    5 octubre, 2009 at 18:06

    Hola, amiga, me identifico con este relato. En el frio hospital, nos damos cuenta que necesitamos de un abrazo amigo, de un consuelo, de unas palabras que esperas de alguien, sino de familia, pero si de un extraño; pero no me hubiera importado sentir el abrazo de un ser desconocido, y que me hubiera dicho: Adelante, no decaigas; estas palabras, yo las necesitaba cuando mi madre estaba hospitalizada. Geles, se lo que es pasar por eso, y sentir el calor, las palabras de aliento de un extraño,….. ¡cuanto lo hubiera necesitado, amiga! Geles, me has hecho saltar un poquito las lagrimas, porque fueron para mi, momentos muy duros.
    Bueno, me ha gustado tu relato y mucho. Espero que tu madre este mucho mejor.
    Aqui tienes tambien mi abrazo sincero y enorme.
    Feliz semana, cielo.
    MariLoli

     
  16. Geles

    5 octubre, 2009 at 18:56

    MariLoli, cielo… tú has pasado por una situación con tu madre similar, por ello te has sensibilizado más con mi relato. Porque sabes de esa necesidad de afecto, que si te la cubre un extraño incluso parece que lo agradeces más, porque… ¿qué necesidad tienen de hacernos ese "regalo"?, pero es que la gente buena da sin esperar recibir, ¡ahí está!
    Besitos.

     
  17. Juan Antonio

    26 octubre, 2009 at 21:50

    Te dejo mi abrazo
    El abrazo
    Abrázame otra vez
    quiero sentir tus brazos
    cruzarse por mi espalda
    como si fuera un lazo.
    Abrázame cariño
    que al alma me llegas,
    apriétame despacio,
    quiero sentir tu fuerza
    que viene del espacio,
    no te distraigas, ¡venga!
    la quiero sin prefacios
    que nadie la entretenga
    Abrázame y contempla
    lo que dicen mis labios
    dicen que les rodeas
    con caricias de sabio
    que me quitas las penas
    y no siento tu agravio
    pagaré mi condena
    si siento tus abrazos
    Abrázame que aprecio,
    el calor que me das
    eres la compañía
    a mi triste soledad
    te integras en mi vida
    en mi hambre, eres el pan
    me llegas tú tan dentro
    que no quiero soltar.
    Abrázame mi amigo
    que tienes mi amistad
    dibújame el castillo
    desde donde mirar
    los colores del viento
    que van en libertad
    hasta tu ser interno
    donde está la verdad.
    Abrázame que hoy quiero
    sentir tu suavidad
    los abrazos que espero
    me enseñan tu lealtad
    sin ellos yo me muero
    y me queda mi ansiedad
    rodeado por el miedo
    lleno de oscuridad.

     
  18. Geles

    26 octubre, 2009 at 23:43

    Juan, abrazos así de cálidos, largos y apretados como el que tú hoy me dejas, son los que ahuyentan soledades y acarician bienvenidas.
    Otro abrazo para ti.

    Geles

     
  19. Ambar El suyo

    12 septiembre, 2016 at 9:25

    Hola Geles.
    He visto este enlace en el blog de nuedtro amigo y como me pasó algo parecido he sentido la necesidad de pasar a leer este maravilloso suceso.
    La vida es cruel, pero a veces maravillosa.
    Un abrazo.
    Ambar

     
    • gelescalderon

      12 septiembre, 2016 at 13:36

      Gracias por llegar hasta aquí, Ambar.
      Hay abrazos que dan vida, y éste a mí me dio aliento para, al menos, acabar el día.
      Mi madre falleció cuatro años después debido a ‘aquella’ enfermedad.

      Un abrazo.

       

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